A los pies del Subasio

Presa estoy en un campo de girasoles, en la última curva del camino; no al lado, sino en medio del camino, frente a redondeles de heno que salpican la tierra. Rodeada de olivos y viñedos que se levantan sobre un suelo de color siena tostado y bajo un cielo que anuncia que es tiempo de escupir el otoño. Cautiva estoy, en un universo verde.

La inmensidad se filtra por mis poros, respiro a fondo el aire que en ocasiones he encontrado irrespirable. Me pierdo embelesada en las faldas del Subasio de donde brota un seráfico paisaje en piedra rosácea y crema: Assisi, recostado con dulzura en la base del monte. Teñido de tonos que extienden la aurora hasta altas horas de la mañana y adelantan el atardecer para que empiece antes de tiempo. A las cinco, suenan a rebato las campanas conversando, unas con otras, como lo hacen desde hace más de quinientos años. El pueblo flota en el corazón verde de Italia, se pierde en la lejanía de la misma forma en que mi conciencia se pierde en la plenitud. No me hace falta conocer los detalles para sentir cómo se conmueve el alma cuando se embebe en el silencio contemplando los mensajes invisibles que se desvanecen en el aire. El corazón se empapa del lento trasegar de la vida de los alrededores.

Aquí no me atormenta el sin sentido, todo lo que llega se queda en mí. Yo, hoy no estoy haciendo nada; lo que a mi alrededor sucede, de mí no escapa. No necesito apresar esta plenitud en unas líneas, con sobrevivir a esta sobredosis de estar viva tengo y me basta. Sobrevivir así no debe ser una vergüenza.

Me asusta tener que definir el sentimiento. Me da miedo contagiarme de quienes no pueden hacerlo. No quiero comenzar a tener alergias en el alma. Aquí, despacito, se desparrama la vida cual pote de miel que se voltea gota a gota, lenta, pesadamente. No importa a donde caiga, nos va salpicando a todos. Se derrama. 

Es necesario tener tiempo para estar solos. ¿Cómo silenciar el silencio? En este lugar el único peligro es estar vivos, me viene a la memoria una canción: «me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa», pero yo no quiero vivir al lado del camino, quiero estar en el medio y ser parte de lo que pasa.