Lejana

Hay mañanas donde siento que tomo una madeja en mis manos y cuando la desenrollo, mientras la miro, ella se deja ser en mis manos mansamente. La desovillo sin miramientos. En cada vuelta una idea salta, del hilo al papel, dejando rastros legibles mientras navega por el azul ilimitado en que se convierte la hoja, y se va convirtiendo en un fragmento, un cuento o una historia.

Otros días, mientras cualquier brújula señalaría el norte, a mi brújula mental no se le mueve la aguja y por más de que suplique no se vence su parálisis, no se agita el intelecto y el vacío se desparrama hasta los confines del infinito. Debería amar este nuevo magnetismo de mi brújula que, en momentos como este, me hace creer que no hay que buscar la salida del sol en el oriente, invitándome a que busque otros puntos cardinales por donde pueda llegar el amanecer.

Otras veces, en mi geografía el sur no existe. Si en las mañanas no hay norte para mi escritura tampoco debería esperar a que hubiera sur en aquel mapa imaginario que un cartógrafo realizaría para emprender mi viaje.

Ocasionalmente descubro una pequeña idea tratando de huir por un resquicio, caminando lento, como queriendo salir. La percibo tan lejana que en muchas ocasiones ni siquiera logro ponerle un rostro. Hago un esfuerzo, abro los ojos, veo la sombra del lado derecho de la cama. La quiero atrapar, pero es más rápida que mi mente.  Se escapa. Me entreno para ser capaz de algún truco. He intentado meter las ideas en una chistera y arrojarlas con furia despiadada sobre la hoja. De lograrlo les daría un tiempo para que se derramen todos los signos y, sin esperar el azar, los organizaría lentamente con mi mano, de forma que los fantasmas de mi mente descendieran con cuidado, manchando con discreción el papel, disponiéndose en filas donde podrían ser leídos.

Hoy, le he coqueteado a mis ideas con hipocresía, intentando convencerlas. No lo logré. Esperé a que el silencio pasara gritando, solo hubo silencio repetido.

5 comentarios en “Lejana

  1. Mente en blanco, cerebro que quiere estar quieto, neuronas que piden un descanso y no se les da.
    Esa caja negra que nos asusta cuando no quiere hacer nada y esa necesidad nuestra de querer estar siempre en movimiento, creando nuevas ideas e impacientes cuando nuestro cerebro dice, «» espere»»

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